La racionalidad humana V.S la racionalidad de la Naturaleza

De inicio V.S. suena a una pelea de los rudos contra los técnicos de la AAA, y en efecto así de poco lógica y sin sentido hemos iniciado una lucha contra el medio ambiente. Tal parece que en el equilibrio de la cadena alimenticia la plaga llamada homo sapiens ha salido de control, y rompe día con día las reglas de la naturaleza. Consumimos irreverentemente, sin pensar a dónde irá a parar la caja de leche, las latas de refresco, 1000 platos y vasos de unicel que se usan para las fiestas, las bolsas del súper mercado, popotes, botellas de plástico y de vidrio… donde cabría la pregunta: – ¿de dónde viene?¿a dónde va a ir a parar? Porque ya lo dijo Lomonósov-Lavoisier “La materia no se crea ni se destruye, sólo se trasforma”… Pero, hay muchos creando… y muy pocos transformando. Transformar el modo de pensar, para preguntarnos si hay una racionalidad superior, creadora del depredador y del depredado, o si acaso este aparente desequilibrio es parte de un plan perfecto, porque ya lo diría Neale Donald Walsch “las calamidades y desastres naturales del mundo – tornados y huracanes, volcanes e inundaciones; desórdenes físicos – no son específicamente una creación de Dios. Pero sí lo es el grado en que dichos sucesos afectan a nuestra vida. Ocurren acontecimientos en el universo que son creados por la consciencia combinada del hombre. Todo el mundo, co-creando conjuntamente y produciendo dichas experiencias”.
Entonces la racionalidad en realidad está en el modo de “percibir” las experiencias y acontecimientos de la Tierra como catastróficas o como una regeneración de la misma, ante lo que el acontecimiento externo no lo podemos cambiar (puesto que ha sido creado por “todos” nosotros los pensantes) de modo que deberíamos cambiar entonces la “experiencia interna” personal, ya que es donde está el origen de todo.
El mundo es tal como es porque no podría ser de ninguna otra manera y seguir existiendo en la esfera ordinaria de lo físico. Los terremotos y los huracanes, las inundaciones y los tornados, y todos los acontecimientos que llamamos desastres naturales no son sino movimientos de los elementos de una polaridad a la otra. El ciclo nacimiento – muerte forma también parte de este movimiento. Estos son los ritmos de la vida, y en la realidad ordinaria todo está sujeto a ellos, puesto que la propia vida es un ritmo. Es una onda, una vibración, una pulsación del mismo corazón de todo lo que “es”. Y entonces, la racionalidad de la naturaleza parece seguir siendo tan clara y simple para el ser humano “sensible”, pero a la vez tan compleja para aquellos que intentan entenderla desde la explicación de la cabeza.
Y esto termina como una antítesis entre la naturaleza del ser humano y la sabiduría de la naturaleza misma, donde ésta última nos hace la amable invitación a conectarnos con nuestro origen, cuidar de nuestro hogar, mantenerlo limpio, con el sentir profundo de cada cosa que nos rodea y estar en total conciencia de una posible desaparición de especie si así requiriera el proceso de crear “vida” nuevamente.


Por Angélica Sarahí Juárez Cordero

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